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Marcado por el clima fluvial y ribereño aportado por el río Duero, las características propias de la zona favorecen la exposición del viñedo a un microclima singular y diferenciador.
Este particular clima convierte a Arribes en un enclave privilegiado para lo que supuso, cientos de años atrás, el desarrollo de una importante industria vitivinícola en claro declive tras la diáspora sufrida a mediados del siglo pasado desde las zonas agrícolas hacia las grandes urbes industriales.
Con connotaciones mediterráneas en donde podemos encontrar árboles frutales, olivos, almendros y plataneras entre otros, este clima continental, con grandes oscilaciones térmicas, es suavizado por una influencia atlántica que aporta en precipitación unos 600-700 mm de media anual.
Tras estas lluvias, las escarpadas hondanadas y redondeadas lomas creadas por el discurrir del rio Duero generan una suave brisa constante que seca de inmediato el viñedo evitando la proliferación de enfermedades propias de la viña y su posterior aplicación sanitaria.
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